Los adultos que sufrieron desnutrición infantil tienen más riesgo cardíaco

SALUD CARDIOVASCULAR

Una alimentación inadecuada hasta los cinco años puede ocasionar menos eficiencia del corazón y aumentar la presión arterial

Los adultos que sufrieron desnutrición infantil tienen más riesgo cardiaco

La desnutrición severa durante la infancia, sobre todo desde el nacimiento y hasta cumplir los 5 años, puede incrementar el riesgo de sufrir, en la edad adulta, una mayor presión arterial diastólica, obstrucciones en el flujo sanguíneo y un peor funcionamiento del corazón, según una investigación publicada por la American Heart Association Journal Hypertension.

"Si las necesidades nutricionales no se cumplen en la infancia, cuando el organismo es muy susceptible a cambios que son potencialmente irreversibles, como la desnutrición, podría tener consecuencias a largo plazo sobre la anatomía del corazón y el flujo sanguíneo", afirma el doctor Terrence Forrester, autor principal del estudio y director científico del programa Soluciones para los Países en Desarrollo, de la Universidad de las Indias Occidentales (Jamaica). "Estamos preocupados porque las millones de personas que sufren desnutrición en el mundo tendrán, antes o después, un mayor riesgo de hipertensión en la edad adulta”. Esto, desde luego, si se logra sobrevivir a la desnutrición que afecta a un sector de la población de países como Jamaica, donde se realizó la investigación.

El estudio se basó en una muestra de 116 adultos, entre 20 y 30 años, los cuales habían sufrido desnutrición, con otros 45 que sí habían sido alimentados adecuadamente durante su niñez. A los participantes de ambos grupos se les realizaron mediciones de niveles de altura, peso y presión arterial, así como un ecocardiograma o estudios por imagen para evaluar la función del corazón.

Los resultados arrojaron que los adultos que habían padecido hambre durante su infancia presentaban “una lectura de la presión arterial diastólica más alta, más resistencia periférica superior (medida de la resistencia al flujo sanguíneo en los vasos más pequeños) y menos de eficiencia en las funciones de bombeo de sangre que realiza el corazón. “Todos estos factores apuntan a un aumento del riesgo de tener presión arterial alta, un factor de riesgo importante para la enfermedad cardíaca y accidente cerebrovascular”, aseguran los investigadores.

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